lunes, 15 de agosto de 2016

Índice o Coeficiente de Gini

El índice de Gini mide el grado de igualdad en la distribución social del ingreso, y se indica con valores que varían entre el 0 y el 1. El número 0 indica una distribución completamente igualitaria, y cuanto más se acerca al 1, señala que hay más desigualdad en la distribución de riqueza de los países.
Éste caso indica el Índice de Gini de los países centrales y periféricos y, en esta cuestión las cifras se multiplicaron por 100 para facilitar la lectura de las personas quienes lo leen.

1) Países con coeficiente bajo de Gini:
Suecia - 25
Noruega - 25,8
Finlandia - 26,9
Alemania 28,3
Egipto - 32,1
Canada - 32,6
Bélgica - 33
Suiza - 33,7

2) Países con coeficiente mediano de Gini:
España - 34,7
Italia - 36
India - 36,8
Estados Unidos - 40,8
China - 41,5
Gabón - 41,5
Ghana - 42,8

3) Países con coeficiente alto de Gini:
Filipinas - 44
Malasia - 46,2
Chile - 52,1
Brasil - 53,9
Colombia - 58,5

A la conclusión que pude llegar después de ver los cuadros de los índices, es que no todos los países reparten sus ingresos de forma igualitaria entre sus habitantes; es decir que, ni los países centrales los reparten bien pero tampoco los países periféricos tienen una mala distribución social de los ingresos.
También noté que hay más desigualdad en los países centrales que son aquellos más adinerados, que en los periféricos, los cuales tienen poca riqueza. Como por ejemplo, Egipto que es un país periférico, tiene el índice de Gini más bajo que algunos países centrales como España o Estados Unidos, aunque tenga menos ingresos que éstos últimos países nombrados.

domingo, 29 de mayo de 2016

Empresas Multinacionales


  • Punto 7.

En la bahía de San Francisco, popularmente conocida como Silicon Valley,  se encuentran fábricas de alta tecnología, es decir empresas multinacionales. En el trabajo también se nombra el porqué de la relación de esta bahía con Guadalajara y Bangalore.
Trabajo: https://docs.google.com/document/d/1kDfncx8BzYbuDcwegb4MYrlVC_fkv1Al-vsaROhMVZc/edit



Sophia Badeigts y Pilar Casado

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Encierro

Microrrelato: "Encierro"

Me invade el olor a humedad. No puedo moverme. Tampoco hablar. Ni escuchar. Todo está tan oscuro... ¿Mis ojos están abiertos o cerrados? Quiero gritar. Silencio. Polvo. Mi cabeza va a explotar. Si lo hubiera sabido, habría preferido que me cremaran...

jueves, 22 de octubre de 2015

lunes, 21 de septiembre de 2015

"La noche del polizón" de Andrea Ferrari

Punto 10)
  El final de la historia se da cuando Karmo finalmente logra hablar con su hermano Momo a través de una llamada telefónica. Ese era su objetivo, y lo cumplió, pero aún así el en un momento se había dado por vencido pensando que la llamanda nunca llegaría. El mismo pensaba que estaba bien tener esperanzas, pero no demasiadas ya que muchas esperanzas podrían volver idiota a una persona. Sin embargo, el objetivo se efectuó y por eso podemos hablar de un final abierto.
  Pienso que Momo llegó a la Argentina, pero que no fue tan fácil. Se necesitaron papeles para completar la acción, y luego el dinero que precisaban para cuidarlo. Pero para esto, Karmo consiguió el trabajo de botones en el hotel que le habían propuesto, y para otros problemas que iban surgiendo, Lucia siempre estaba ahí para ayudarlos a ambos ya que se habían reconciliado.
  Momo tuvo que adaptarse a ciertas costumbres las cuales, hasta después de varios meses, les resultaban extrañas. Por ejemplo, cuando llegó la fecha de cumpleaños todos lo sorprendieron con una fiesta y el no sabía bien por qué, ya que nunca antes había pasado por eso, pero aún así estaba contento.  El idioma lo fue dominando con ayuda tanto de Gustavo y su novia, quienes también habían vuelto, de Lucia y de su propio hermano Karmo; pero a pesar de todo, nunca se rindieron y siempre llevaron puesta esa sonrisa que la habían olvidado en su antiguo pueblo.

martes, 11 de agosto de 2015

El karma del secuestrador

Algunos dicen que la noche siempre ilumina mejor, y ésta vez lo podía comprobar ya que iluminaba perfectamente el miedo y temor que sentía en aquella oscuridad. Seríamos la última casa a la cual el secuestrador acudiría y a pesar de las sensaciones que nos provocaba al saberlo, habíamos aceptado pasivamente esa situación. 

En nuestro barrio, en Costa Luna, este hombre era conocido como el "secuestrador de niños" ya que por cada casa que pasaba, raptaba al más pequeño de la vivienda. Lo que nadie sabía era que iba secuestrando de acuerdo al número de casa, de menor a mayor. Solo nosotros nos dimos cuenta del hecho y fue por eso que pudimos detenerlo. Aún así, no sabíamos con lo que nos encontraríamos porque las víctimas habían declarado que nunca le habían visto la cara.

Esa noche, el plan estaba armado: dejaríamos a Jack, nuestro hermanito, solo e indefenso en su habitación mientras nosotros esperábamos al secuestrador. El pobre sentía nervios, aunque por su edad todavía no terminaba de entender la situación.

Eran las tres de la mañana cuando lo vimos llegar. Para nuestra sorpresa, el secuestrador era el ídolo de cada niño ya que era la persona que pasaba todos los días por las casas a vender helados llevando felicidad a las viviendas. Alegraba las mañanas y por eso no aparentaba ser mala persona, pero ese pensamiento cambió cuando lo vimos llevarse arrastrando a nuestro hermano bruscamente.
   
Lo vimos salir de nuestra casa y empezamos con la segunda parte del plan. Activamos la cámara que secretamente habíamos puesto en la ropa de Jack para que nuestros padres pudieran ver si algo malo nos estaba pasando al llevar a cabo la tercera parte del plan:perseguirlo. Lo seguimos hasta el bosque, donde nos perdimos. Detrás de los árboles, la noche se agitaba como un avispero y las sombras silenciosas anunciaban lo peor. A medida que íbamos avanzando, no escuchábamos ni una voz. Era como si el bosque estuviera desierto, aunque aún así sabíamos que Jack estaba en alguna parte gritando por auxilio. Nuestro miedo de no encontrarlos desapareció cuando vimos una tenue luz de fuego. Veíamos siluetas, pero nos costó bastante tiempo darnos cuenta de lo que ocurría: todos los niños estaban alrededor de una fogata mientras que el hombre se encontraba en el medio, riendo tranquilamente. 

No pudimos describir las expresiones que tenían. El miedo en la mayoría se notaba a miles de kilómetros, mientras que algunos se reían de los insensatos chistes que relataba.

Nuestros padres, al ver por la cámara lo que estaba ocurriendo, no dudaron ni un segundo en llamar a demás vecinos. Cuando llegaron al bosque, encerraron al secuestrador en una jaula gigante donde todos podían verlo.

Al estar encerrado intimidado por todos los del barrio, su mirada mostraba enojo pero al mismo tiempo tristeza. "¡No les hice daño... nunca fue mi intención!" gritó mirando a todos una y otra vez. Nos dirigió una mirada a nosotros, quienes éramos los únicos que se animaban a tenerlo cerca, como si fuera una bestia encerrada, y contó en voz alta que su único propósito era revivir su infancia, en la cual no había sido capaz de jugar ni disfrutar con niños por el hecho de haber sufrido maltrato.

Ni siquiera a alguno de los niños le importó lo que decía ya que la persona tan admirada por ellos había terminado por ser el villano de la historia.

Finalmente, lo llevaron a un manicomio en el cual un día, luego de varios años, uno de los doctores entró para darle su medicación diaria y notó que lo único que había en esa habitación eran dibujos de él con niños tomados de las manos pero no había ningún rastro del heladero. ¿Para qué se escapó? Si nadie lo quería, ganaría tan poco con la decisión que había tomado...

miércoles, 8 de julio de 2015

La vulnerabilidad de los chicos que se fugan de sus hogares

 El hecho de que los adolescentes huyan de casa no es algo que ocurre en la actualidad, sino que es algo que viene pasando desde hace años. Sin embargo, que no sea nuevo no significa que no preocupe. La acción de fugarse es una forma de llamar la atención hacia la sociedad para comunicar que algo está pasando.
 En 2014, de los 6015 casos, el 70% fueron chicas que tomaron la decisión propia de irse. Además de las distintas causas como la rebeldía, la marginalidad y otras, la falta de comunicación es lo principal por lo cual los adolescentes de entre 15 y 17 años, o incluso menores, se escapan de sus hogares. Pero, ¿por qué la razón más importante es esa, si el hogar debería ser el lugar que los contenga?
 La falta de comunicación es muy común en los adolescentes ya que comunicar es algo más que "traficar información, hechos y circunstancias". Las palabras comunican así como también silencios y actos.
 La presidenta del consejo porteño, Guadalupe Tagliaferri, dijo: "Son chicos que en realidad no quieren irse de casa, pero sí tienen problemas de comunicación". También cuenta que esto ocurre en todas las clases sociales. Según Nora Vinacur, hay que establecer reglas claras de comunicación ya en la etapa de la niñez.
 Además de la falta de comunicación, la sobreprotección de los padres es algo muy molesto para los chicos. Es de donde surge la rebeldía ya que son esos los padres que en vez de dejar vivir y experimentar distintas cosas a sus hijos, les cuentan cómo es la vida.
 En cuanto a los problemas de convivencia, en la Provincia, de los 3400 chicos que se fugaron, el 46% se fue por ésta razón. En este caso, seguramente ellos no se sienten apoyados ni escuchados por decisiones que toman, o por el ámbito familiar como cuando los padres responden con desganas dándoles a dar conciencia que no tienen importancia.
 En el abuso psicológico, los chicos se sienten lastimados y afectados por los comentario hirientes hacia ellos. A nadie le gusta, ni tampoco merece, ser maltratado o que los culpen por algo que no tienen responsabilidad.
 Los padres deberían tener más atención y precaución sobre sus hijos. Hablar acerca de lo que a uno mismo le ocurre en casa es algo muy importante ya que cuando un adolescente se va de su hogar es porque no puede verbalizar en su familia lo que le está pasando afuera.
 Cuando el lazo familiar es débil, lo que se debería hacer es reforzarlo y mejorarlo, no ignorarlo y dejarlo pasar. Para muchos, irse significa salir a pedir ayuda, cuando en realidad el apoyo y la ayuda debería ser pedida en el hogar de cada uno.
 El final feliz de estos casos sería que se encontraran las razones por las cuales ocurre el conflicto y que se discutieran para solucionarlo.